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El Fetichismo del Crecimiento: lo que hay detrás de Martinelli

Fecha
  • 9 feb. 2012
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  • ECONOMISTA/Juan Jované

    Un elemento central de la propaganda oficial es la idea del supuesto éxito de la economía panameña, la cual no mostraría signos de crisis. Se trata de una posición repetitiva que, definitivamente, no hace noticia. Lo que sí resulta novedoso es que el doctor José Cambra, quien intenta ubicarse en una posición popular, haya argumentado recientemente que “la formación económico–social y sus relaciones de producción no están en crisis en Panamá”, agregando que “por el contrario, la economía crece a un 10.5%”. Esta afirmación amerita algunos comentarios.

    El primer problema de la visión que ahora discutimos es que menosprecia la interpenetración entre las relaciones sociales de producción y distribución, entre la lógica del crecimiento y la de la distribución. Es así, por ejemplo, que pese al acelerado crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), la lógica del sistema provocó que la participación de las remuneraciones de los asalariados en el PIB se redujera de 37.8% en el 2000 a tan solo 31.8% en el 2010. Esa lógica también desató un proceso inflacionario, explicado en gran parte por la especulación comercial, que llevó a que entre el 2004 y 2010 el componente de alimentos del índice de precios al consumidor urbano del INEC se elevara en 45.3%. El mismo documento de CEPAL que informa sobre el crecimiento del 10.5% del PIB en el 2011, destaca que ese año el salario medio real del panameño se redujo en 1.8%. Todo esto muestra una situación en la que la normal reproducción de la fuerza de trabajo se encuentra en una crisis de permanente desgaste.

    La reforma educativa propuesta por el gobierno, que busca formar una fuerza de trabajo dócil, apunta en el plano de las ideas hacia el mismo modelo. Un segundo elemento que omite la visión bajo análisis guarda relación con la acumulación por desposesión. Esta, en Panamá, se caracteriza por la importancia que para la rentabilidad del capital privado ha cobrado la construcción pública de infraestructuras destinadas a consolidar el modelo vigente, la minería depredadora y el dominio sobre la renta canalera. Esta genera una intensa lucha entre las diversas fracciones de la clase dominante y sus partidos por controlar el aparato estatal con fines de acumulación, alejados del objetivo de democratizar el país y su economía. Las tendencias autoritarias que hoy se observan son, entonces, el resultado necesario de un modelo que opera sesgando cada vez más la distribución del ingreso en contra de los trabajadores, a la vez que se utiliza el aparato estatal como palanca de la acumulación.

    En tercer lugar, un modelo estable debe tener sostenibilidad en el tiempo. Quienes niegan que la economía panameña muestre tendencias hacia la crisis deben, consecuentemente, probar que frente al recrudecimiento de esta y el estancamiento global es posible mantener incólume el actual modelo basado en las exportaciones, la compresión de los salarios y el deterioro del medio ambiente. El PIB, indicador que ni siquiera es capaz de hacer visible el trabajo de la mujer en el hogar, no tiene ninguna utilidad al respecto.

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